Reconocida con el Premio Junior FISOCAT, la académica de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de Concepción lidera el desarrollo de combustibles sostenibles para la aviación y encabeza una mentoría activa que abre camino a nuevas investigadoras en el laboratorio.
Con una trayectoria forjada en las aulas y laboratorios de la Universidad de Concepción, la Dra. Catherine Sepúlveda representa el espíritu de la ciencia de excelencia con sello local y proyección global. Oriunda de Parral, llegó a Concepción motivada por la docencia y la química, cursando la carrera de Pedagogía en Ciencias Naturales y Química. Su destacado desempeño académico la hizo acreedora del Premio Universidad de Concepción, reconocimiento que le abrió las puertas para continuar sus estudios de postgrado en el Doctorado en Química de la Facultad de Ciencias Químicas (FCQ).
«No sabía muy bien qué área era la que más me gustaba de todas las líneas de investigación que estaban acá. Y el que fue mi profesor de mi tesis de pregrado me dijo: ‘Podrías trabajar con nosotros, ven, te invito a que conozcas el área de catálisis’. Fui, la conocí, me gustó mucho, e inscribí mi proyecto de tesis en el área de catálisis»,
recordó la académica sobre sus inicios junto a los doctores Rafael García y Néstor Escalona, con quien mantuvo una colaboración científica activa.
Aquella etapa formativa incluyó dos pasantías de investigación en el centro IRCELYON, en Francia, una estancia inicial de seis meses y una segunda de tres, experiencias que consolidaron publicaciones científicas y redes de cooperación con colegas franceses y mexicanos.
Tras graduarse en 2012, Sepúlveda postuló y se adjudicó una plaza docente en el Departamento de Fisicoquímica, sellando un sentido de pertenencia y compromiso con la Universidad de Concepción desde 2003:
«Full identidad UdeC, yo soy una UdeC lover como todos dicen, y llevo muy orgullosa, con mucho amor y cariño el sello de la universidad».
En paralelo a su trabajo académico, su labor se vincula activamente con el Plan Ciencia 2030 UdeC participando en el Comité de Liderazgo de Mujeres y de la primera versión del ciclo de talleres «Inspira y lidera: mujeres en la academia», proceso formativo enfocado en fortalecer competencias clave como comunicación efectiva, conducción de proyectos y negociación.
Innovación regional para una aviación sustentable
La línea de trabajo de la Dra. Sepúlveda se centra en la catálisis heterogénea, una disciplina fundamental para acelerar transformaciones químicas a nivel productivo reduciendo tiempos y costos energéticos. En términos sencillos, permite que reacciones que tardarían días ocurran de manera eficiente en solo un par de horas mediante el uso de un catalizador.
En este marco, Sepúlveda lidera un proyecto Fondecyt Regular enfocado en valorizar moléculas provenientes de biomasa lignocelulósica mediante catalizadores basados en nitruros de materiales de transición, con el fin de sintetizar SAFs (Sustainable Aviation Fuels), o combustibles de aviación sostenibles:
«La industria de la aviación lamentablemente no puede depender de la electricidad. Porque si un vehículo se queda sin combustible, simplemente se detiene, pero un avión no se puede quedar sin combustible. Entonces estamos enfocados en obtener estos combustibles de aviación sustentables que tengan exactamente las mismas características de los combustibles de aviación de ahora, pero que sean obtenidos a partir de la biomasa».
La fase final de la iniciativa contempla testear los carburantes formulados directamente en turbinas de laboratorio para certificar su rendimiento operativo, explicó Sepúlveda sobre el alcance industrial y ecológico de su investigación.
Un reconocimiento histórico a nivel iberoamericano
El impacto de su labor tuvo un punto de inflexión durante la trigésima versión del Congreso Iberoamericano de Catálisis, encuentro que reunió en Chile a cerca de 300 especialistas de delegaciones de España, Portugal, México, Brasil, Argentina, Colombia y Perú, entre otros países.
La organización constituyó un esfuerzo colaborativo articulado entre investigadoras e investigadores de la Universidad de Concepción, la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad de Chile y la Universidad Andrés Bello. En el certamen —donde Sepúlveda formó parte activa del comité organizador como presidenta de la División de Catálisis y miembro del consejo de FISOCAT— se produjo un precedente inédito: por primera vez en casi sesenta años de trayectoria de la federación, tanto el Premio Senior como el Premio Junior recayeron en representantes del país anfitrión en una misma edición.
Al recibir el galardón, la Dra. Sepúlveda se convirtió además en la primera mujer en adjudicarse el Premio Junior en toda la historia de la organización:
“Entre sorpresa y agradecimiento, creo que uno nunca alcanza a dimensionar el alcance que tiene una investigación. Si bien uno investiga porque le gusta, publica porque le gusta, tienes proyectos porque te gusta lo que haces, pero uno no siempre se da cuenta de la cantidad de trabajo que realmente hace. Después de ver todo tu trabajo reflejado en el papel, ahí te das cuenta realmente de la cantidad”.
La distinción adquirió un significado especial en la visibilización del quehacer femenino en la ciencia:
«Que sea para una mujer también es como un buen incentivo para todas las chicas que vienen de más atrás, que se den cuenta que sí, el trabajo en ciencias de una mujer y un hombre van a la par. No hay niveles en ciencias entre mujeres y hombres, podemos hacer la ciencia indistintamente».
Vocación formadora
En su laboratorio, la académica concibe la formación y la mentoría como pilares inseparables del quehacer científico. Durante el último período, su equipo de tesistas estuvo integrado por estudiantes mujeres de pre y postgrado, a quienes entrenó directamente en el montaje experimental y la operación de reactores:
«Yo la verdad es que este último tiempo he tenido solo estudiantes mujeres. Chicas que han llegado al laboratorio a trabajar con tuercas, a trabajar con reactores, y super motivadas con hacer ciencia, en analizar, en saber lo que está pasando, motivadas también en querer seguir estudiando».
Su modelo formativo combinó una exigencia de estándar riguroso con un acompañamiento constante para derribar temores metodológicos y brechas idiomáticas, promoviendo el dominio del inglés y la movilidad internacional:
«Yo las motivo mucho, pero también les exijo harto. Como me exigieron a mí y que yo lo agradezco muchísimo, porque finalmente un muy buen profesor es el que te exige. A todos los que han estado conmigo los he llevado a un congreso y han tenido que presentar, después sus resultados los llevamos a una publicación para que ellos sepan lo que es trabajar para una publicación. Todo chico que investiga tiene que publicar, tiene que escribir, tiene que analizar. Entonces hacemos todo el proceso», finalizó la académica.









